Libro La Ciencia del Sexo

Puede adquirir su ejemplar del libro La ciencia del sexoConceptos fundamentales de sexología moderna en nuestra sede en Del Progreso 949, CABA, los días sábados a partir de las 18hs. O telefónicamente al 15-6306-4385 (Rafael Freda) para convenir día y horario para retirarlo.

Curso Bienal de Formación de Sexólogos Educativos

INSUCAP invita al Curso Bienal de Formación de Sexólogos Educativos para la Educación Sexual Integral.

Es un curso dirigido a egresados y estudiantes avanzados de carreras terciarias: Psicología, Sociología, Psicología Social, Educación, Derecho, Teología, Medicina, Enfermeria, Acompañantes terapéuticos y afines.

Sus objetivos son: reconocer la sexualidad como constitutiva de la vida humana, considerando al ser humano un ser bio-psico-social y, desde esta mirada, ser instrumentos de un cambio actitudinal que genere empatía hacia las conductas sexuales.

Dictado por miembros de la Fundación Isabel Boschi y profesores invitados.
Está disponible el programa con los distintos módulos y el nombre de los profesores (click aquí).
El profesor Rafael Freda dictará “El significado de las relaciones extraparejas en diferentes culturas.”, “Diversidad en la orientación sexual: Homosexualidad”, en el primer año del curso.


El curso de desarrollará de abril a noviembre de 2014 y 2015.
Comienza el 12 de abril de 2014.

Informes e inscripción:
FUNDACION ISABEL BOSCHI
(5411) 4781-3686

Continuá leyendo “Curso Bienal de Formación de Sexólogos Educativos”

Viaje de representante argentino MCP

MARCELO GONZALEZ

Presidente de VCS Rosario
Vicepresidente del MCP Argentina
Ocupa el escaño gay del MCP

Informa a todos que viaja a Lima-Perú en representación de Argentina como Vice-Presidente del MCP, a la reunión del Fondo Mundial por la ronda 11 del Fondo Mundial. donde se notificará a todos como va a ser esta nueva ronda. El viaje durará desde el 18 al 22 de Setiembre de 2011. Al retorno informaráy remitirá toda la información que consiga.

A todos los compañeros y compañeras de la CREFOR, un abrazo grande.

Marcelo Oscar González

Encuentro Diversidad Sexual y Prevención de VIH

El 2 de Junio de 2011 de 12.30 a 16.00hs se llevará a cabo el Encuentro de Organizaciones, Locales Comerciales y Servicios de Salud Comprometidos con la Prevención de VIH en Población Gay, Trans, Bisexual y otros Hombres que tienen Sexo con Hombres, en la Ciudad de Buenos Aires, en el Instituto Pasteur. Av. Díaz Vélez 4821

Objetivo general:
Fortalecer la capacidad de articulación y gestión de la Coordinación Sida, las Organizaciones de la sociedad civil, Organizaciones no gubernamentales, locales comerciales y servicios de salud, para mejorar las estrategias de prevención de VIH sida en la población GTB en la CABA.

Continuá leyendo “Encuentro Diversidad Sexual y Prevención de VIH”

Reflexión para docentes LGBT

Compañeras y compañeros docentes LGBT, se está confeccionando una lista para compartir experiencias sobre nuestra presencia en las escuelas, y se han realizado en diciembre dos reuniones que se retomarán en marzo. El día y hora es a convenir, aunque hasta ahora fue el viernes a las 19.  inscribite llenando el formulario haciendo click aquí y te avisaremos la fecha de la siguiente reunión.
Coordinan Claudio Rodriguez y Rafael Freda

Peplau&Garnets 2000 Comprensión de las sex y OS de las mujeres, intr

Comprensión de las Sexualidades y Orientaciones sexuales de las Mujeres: Una introducción.

Journal of Social Issues, verano del 2000, por Linda D. Garnets [1], Letitia Anne Peplau [2], [3]

Los investigadores y teóricos que intentan hacer generalizaciones sobre la sexualidad y la orientación sexual tanto de hombres como de mujeres simultáneamente a menudo toman las experiencias del varón como norma y pasan por alto aspectos únicos y sin comparación de vida de las mujeres. El propósito de este número es concentrar la atención en la teoría e investigación científicas sobre aspectos de las sexualidades de la mujer, con énfasis especial en la orientación sexual. Se presenta un nuevo paradigma, que reconoce la gran diversidad de las experiencias eróticas de las mujeres y los muchos factores socioculturales que dan forma a la sexualidad y orientación sexual de las mujeres a lo largo de su tiempo de vida. Este artículo introductorio destaca los temas principales y provee un breve resumen de los artículos de este número. Se discuten cuatro tópicos centrales: (1) la compleja naturaleza de las sexualidades y orientaciones sexuales de las mujeres; (2) la importancia de los contextos históricos, sociales y culturales para entender adecuadamente las sexualidades de las mujeres; (3) el desarrollo de la orientación sexual en las mujeres; y (4) las implicaciones para investigación y políticas.

En los años recientes, los norteamericanos han centrado creciente atención en la sexualidad y la orientación sexual de las mujeres. Aunque muchos una vez consideraron que la heterosexualidad era el estado “natural” de las cosas, hay ahora controversia sobre los orígenes de la orientación sexual y sus implicaciones en relación con la tolerancia hacia las minorías sexuales. Las discusiones de los derechos civiles de lesbianas, hombres gays y otras minorías sexuales son habituales: temas tales como gays en las fuerzas armadas y beneficios de seguro par alas parejas domésticas son frecuentemente debatidos. Las discusiones públicas también han cuestionado el significado mismo de conceptos presumiblemente básicos como “sexo.” En 1998, cuando el Presidente de los EEUU, Bill Clinton, le dijo al público norteamericano que nunca había tenido relaciones sexuales con la que había sido pasante de la Casa Blanca, Mónica Lewinsky, muchos dieron por supuesto que su relación había sido platónica. Después Clinton explicó que se habían involucrado en sexo oral, pero insistió en que esto no constituía “relaciones sexuales”. Un estudio reciente descubrió que el 59% de los alumnos universitarios, como Bill Clinton, no dirían que “habían tenido sexo” con alguien si su conducta más íntima hubiera sido sexo oral (Sanders & Reinisch, 1999).

Cada una de las instituciones sociales de envergadura en Estados Unidos, desde los militares hasta la religión organizada, ha enfrentado el desafío de volver a pensar creencias y políticas establecidas desde hace largo tiempo en relación con el comportamiento sexual y la orientación sexual. Acalorados debates sobre educación sexual en las escuelas ofrecen un ejemplo. ¿Deben los niños y niñas de escuela primaria aprender que hay familias no tradicionales con dos mamás? ¿Deben los adolescentes heterosexuales recibir educación detallada sobre sexualidad y anticoncepción, o es preferible un currículo minimalista que abogue por la abstinencia? ¿Deben las experiencias de los adolescentes lesbianas, gays y bisexuales ser incorporadas en los programas escolares, o simplemente hay que ignorarlas? Todos los norteamericanos están siendo tocados de un modo u otro por la creciente discusión pública sobre sexualidad y orientación sexual.

La aumentada visibilidad de lesbianas, hombres gays y bisexuales ha tenido consecuencias sociales mezcladas. Un resultado ha sido expandir la conciencia del público sobre una amplia gama de estilos de vida personales. Los estereotipos simplistas son puestos a prueba a medida que las personas contemplan retratos cada vez más realistas de personajes gays y lésbicos en shows de televisión y en películas, y a medida que individuos de las minorías sexuales son más abiertos con los amigos, compañeros de trabajo y vecinos sobre sus vidas. Esto puede conducir a algunos a poner en cuestión sus presunciones no examinadas sobre la heterosexualidad y su forma institucionalizada en el casamiento. Hay signos de tolerancia en aumento hacia los homosexuales, como se ve, por ejemplo, en las actitudes cambiantes sobre la discriminación en el empleo. A lo largo de los pasados 20 años, el porcentaje de norteamericanos que apoyan los derechos a igual empleo de los homosexuales ha aumentado del 56% en 1977 al 71% en 1989 y al 84% en 1998 (Berke, 1998, p. 3).

Al mismo tiempo, la creciente presencia pública de los homosexuales y otras minorías sexuales ha desafiado a la indisputada dominio del de la heterosexualidad y condujo a un poderoso golpe de retroceso. Un ejemplo es el provisto por el caso presentado ante la corte suprema del Estado de Hawaii para legalizar el casamiento del mismo sexo (Goldenberg, 1996). La corte decidió que el estado no había mostrado ninguna razón convincente de la prohibición existente para las uniones gays y lésbicas. En respuesta a esta victoria de los derechos gays y lésbicos, se montó una campaña en Hawaii y otros estados para poner en vigencia leyes que impidieran el reconocimiento de estas leyes. Además, en 1996 la Cámara de Diputados de los EEUU aprobó la “Ley de Defensa del Matrimonio [Marriage],” que definía el casamiento [marriage] para los programas federales como la unión legal  entre un hombre y una mujer. Esto también permitía a los estados el derecho de no reconocer los casamientos del mismo sexo celebrados en otros estados. Además, los votantes de Hawaii recientemente cambiaron la constitución del Estado para definir el casamiento como unión legal entre un hombre y una mujer, con lo que así se aseguró que los casamientos del mismo sexo no pudieran celebrarse en  Hawaii.

La mayor visibilidad de la gente gay también ha aumentado las expresiones públicas de animosidad. Para dar un ejemplo, una coalición de grupos religiosos recientemente colocaron avisos de página completa en diarios de gran circulación condenando la homosexualidad. Trent Lott, líder de la Mayoría Republicana del Congreso, públicamente asemejó la homosexualidad a la cleptomanía y el alcoholismo (Berke, 1998, p. 3). Por todo el país hay trabajando grupos para enmendar las constituciones estatales y así prohibir las leyes que protegen los derechos civiles de las personas gays. Los crímenes de odio, tales como el aborrecible asesinato del estudiante universitario Matthew Sheppard, continúan. Eventos como éstos hacen resaltar la persistencia de la hostilidad y discriminación contra las minorías sexuales.

¿Cómo puede la investigación científica contribuir a la comprensión que el público tenga claros estos temas? Los descubrimientos de la investigación han jugado un rol vital en los calos legales y en las políticas públicas. Para dar un ejemplo, la Asociación Sicológica Americana  (APA) ha influido en las políticas públicas al reseñar la evidencia científica sobre progenitores gays y lésbicos por casos legales concernientes a la custodia de niños. En un caso que involucra a una madre lesbiana (Bottoms v. Bottoms), la APA presentó un escrito de amicus curiae que sacaba la conclusión de que la presunción de que el progenitor en una relación abiertamente gay o lésbica es un custodio inepto no tiene base en la investigación de ciencias sociales. Aplicar una tal presunción excluye una evaluación plena del mejor interés del niño. La orientación sexual de un progenitor no debería, si hay ausencia de evidencia específica de daño al niño, ser considerada un factor que pesa en contra de dar la custodia a un tal progenitor. (Brief of amici curiae, 1994, p. 41)

Este y otros escritos de la APA se han basado en investigación que demuestra consistentemente que el ambiente de hogar provisto por progenitoras lesbianas tienen tanta probabilidad como el provisto por padres heterosexuales para promover el desarrollo sicosocial y el bienestar sicológico de los niños (e.g., Patterson & Redding, 1996). Específicamente, no se han encontrado diferencias sustanciales entre progenitoras lesbianas y sus contrapartidas heterosexuales en términos de capacidad de paternidad o abordaje de la crianza de niños. La investigación científica no encuentra diferencia en la identidad de género, el desarrollo de rol de género, las relaciones sociales o la salud mental de niños criados por progenitores homosexuales o heterosexuales. Estos resultados han contribuido a los esfuerzos de dar seguridad a los derechos legales de las personas lesbianas y gays en cuanto progenitores.

Más allá de la corte, los descubrimientos de la investigación pueden ayudar a reemplazar los estereotipos defectuosos con información precisa. En última instancia, las preguntas sobre las causas de la orientación sexual, las experiencias de vida de los individuos de las minorías sexuales, y las ligazones entre la orientación sexual y el bienestar sicológico no son asuntos de opinión, sino más bien tópicos de investigación científica. En otras palabras, hay ligazones esenciales entre los descubrimientos básicos de la investigación e importantes temas sociales del día.

Metas de Este Número

Este número se enfoca en la Sexualidad y la orientación sexual de las mujeres por dos importantes razones. Primero, hay una creciente evidencia científica de que la naturaleza y el desarrollo de la orientación sexual y la sexualidad pasan por lados diferentes para hombres y mujeres (e.g., Baumeister, 2000; Garnets & Kimmel, 1991). Cuando los teóricos intentan generalizar sobre los dos sexos simultáneamente, tienden a poner como norma la experiencia del varón y pueden delos aspectos únicos en su género de las sexualidades de las mujeres (Peplau, Garnets, Spalding, Conley, & Veniegas, 1998). Segundo, una comprensión  de la orientación sexual de las mujeres requiere un reconocimiento de la posición de las mujeres en la sociedad. La experiencia de mujeres y hombres son diferentes en parte a causa de las desigualdades en sus actitudes sociales y estatus económicos en cuanto a los roles y conductas “propias” de las mujeres (Hyde & Durik, 2000; McCormick, 1994). Moldeadas por el contexto cultural  étnico de las vidas de las mujeres.

Este número del  Journal presenta la investigación y teoría científica que documenta la complejidad y diversidad de la Sexualidad y orientación sexual de las mujeres. Aunque el público comúnmente categoriza a las mujeres como heterosexual, lesbiana o quizás bisexual, las mujeres vivieron experiencias que a menudo desafían estos esquemas netos de clasificación. Algunas mujeres se consideran a sí mismas heterosexuales pero reconocen Fuertes atracciones hacia otras mujeres. Muchas lesbianas de mediana edad han tenido relaciones sexuales con hombres en su juventud. Dos mujeres con historias personales similares pueden definir su sexualidad diferentemente. Para algunas mujeres, la sexualidad explícita no es particularmente importante; lo que cuenta es el eslabonamiento emocional con una pareja. En este número, usamos términos plurales tales como las “sexualidades” y “orientaciones sexuales” de las mujeres para señalar la importancia de abarcar la plena gama de los deseos y relaciones de las mujeres.

Los artículos de la Sección 1 de este número se concentran en la compleja naturaleza de las sexualidades y orientaciones sexuales de las mujeres. Esther Rothblum hace surgir preguntas básicas sobre los significados sociales actuales de términos que se dan por descontados, que son  “lesbiana,” “heterosexual,” “bisexual,” y “sexo,” y examina las implicaciones investigativas de los abordajes científicos para definir estos conceptos.  Paula Rust presenta la investigación sobre bisexualidad en las vidas de las mujeres. La reciente emergencia del “bisexual” como identidad personal y social agrega todavía más complejidad a los esfuerzos para  categorizar [pigeonhole] a las mujeres en categorías rígidas. La bisexualidad es un desafío a la presunción de que la heterosexualidad y la homosexualidad son mutuamente exclusivas y que el género es el criterio primario para elegir una pareja sexual.

Contextos Históricos y Sociales para entender las Sexualidades de las Mujeres

Una comprensión adecuada de las sexualidades de las mujeres requiere un examen de los contextos históricos, sociales y culturales que influyen en las experiencias de las mujeres. Para las mujeres norteamericanas, tres importantes perspectivas son los cambios históricos en el estatus económico y legal de las mujeres, la influencia de las creencias de los expertos en sexo sobre la sexualidad, y el impacto de los movimientos de derechos civiles feminista y gay/lésbico/bisexual.

Tendencias Históricas

Durante el siglo XX, las vidas sexuales de las mujeres occidentales fueron profundamente moldeadas por los cambios sociales que extendieron la ciudadanía plena a las mujeres y las proveyeron de mayor control personal en la toma de decisiones sobre la reproducción y el aborto. Aumentos espectaculares en la participación de las mujeres en la educación superior y en el empleo pago han permitido a las mujeres llevar vidas que son económica y socialmente independientes de los hombres. Para dar un ejemplo, el aumento en hogares encabezados por mujeres fue resultado, en parte, de la capacidad aumentada de las mujeres de mantenerse a sí mismas y a sus hijos sin un marido. La sexualidad de la mujer también ha sido afectada por los cambios en tecnología. La llegada de formas más confiables de control del nacimiento ha conducido a una mayor separación del sexo y la reproducción. Nuevas tecnologías reproductivas capacitan a las mujeres para que sean madres de modos no tradicionales tales como la utilización de un donante anónimo sin derechos progenitoriales legales.

La sexualidad crecientemente ha ido saliendo del dominio del comportamiento privado para volverse un componente importante de la identidad social de un individuo. Como lo han notado los historiadores John D’Emilio y Estelle Freedman (1988):

A lo largo de los últimos tres siglos y medio, el significado y lugar de la sexualidad en la vida norteamericano ha cambiado de un sistema sexual reproductivo y centrado en la familia, propio de la era colonial, a una sexualidad romántica, íntima, y sin embargo conflictuada, en el casamiento del siglo XIX, hasta una sexualidad comercializada en el período moderno, donde se espera que las relaciones sexuales provean identidad personal y felicidad individual, aparte de reproducción. (pp. xi–xii)

Como lo demuestran los artículos de este número, hoy en día hay importantes vínculos entre sexualidad e identidad social.

Las Opiniones de los Expertos en  Sexo

Las vidas de las mujeres también están influidas por las creencias de los expertos en sexo. En la sociedad occidental, la herencia de las actitudes victorianas fue considerar a las mujeres como seres sexualmente desinteresados. Como lo observó Sandra Bem (1993, p. 86), tanto la ciencia como la opinión popular del siglo XIX dieron por supuesto que las mujeres “carecían totalmente de motivación sexual hasta que y a menos que fuesen estimuladas por los hombres; una sexualidad autónoma de la mujer era inconcebible.” Se pensaba que el sexo “real” requería un pene. Como resultado, muchos consideraban que el sexo entre mujeres era imposible. En 1885, se aprobó en Inglaterra una ley que hacía crímenes de los actos homosexuales. La reina Victoria se rehusó a firmar esta ley hasta que se borrasen todas las Referencias a las mujeres, insistiendo en que la homosexualidad de la mujer no existía y que la ley “mancharía la honorable tradición del amor de las mujeres” (Butler, 1990, p. 62). Como lo ilustra esta anécdota, las creencias sobre la orientación sexual de las mujeres están intrínsecamente vinculadas a las creencias sobre la sexualidad de las mujeres.

La visión Victoriana de la Sexualidad de las mujeres coloreaba el pensamiento de los sexólogos de principios del siglo XX, tales como Richard von Krafft-Ebing (1908/1950) y Havelock Ellis (1897/1928). Estos teóricos razonaban que si las mujeres son inherentemente asexuales, entonces las mujeres que están sexualmente atraídas a otras mujeres no deben ser mujeres “reales”. A través de un defecto biológico, deben tener algún elemento masculino esencial. La categoría de “invertido sexual” fue creada para describir a estas lesbianas hombrunas [these mannish lesbians]. La teoría de la inversión de la orientación sexual promovió tres ideas que han influidos en las visiones de la Sexualidad de las mujeres a lo largo del siglo XX (Peplau, Spalding, Conley, & Veniegas, 1999). Una primera idea fue que las mujeres heterosexuales son femeninas y las lesbianas son masculinas. Una segunda idea fue que la heterosexualidad es normal y que la homosexualidad es una perversión o una condición patológica. Finalmente, las teorías de la inversión aseveraros que la orientación sexual está biológicamente determinada, y que la homosexualidad refleja una anormalidad biológica.

El siglo XX fue testigo de muchos cambios importantes en las creencias de los expertos sobre la sexualidad de la mujer. Sigmund Freud (1905/1938) se enfrentó a la idea de que la orientación sexual tiene base biológica, argumentando en cambio que tanto la herencia como el ambiente, particularmente las primeras experiencias de infancia en la familia, son factores significativos en el desarrollo de la orientación sexual. La ampliamente publicitadas investigaciones sexuales de Kinsey, Pomeroy, Martin y Gebbard (1953) y Masters y Johnson (1966) se enfrentaron a la idea de que las mujeres son asexuales; en lugar de ello, ofrecieron evidencia de la capacidad de excitación sexual de las mujeres, demostraron que la las relaciones sexuales penetrativas [sexual intercourse] son solamente una de las formas de sexualidad potencialmente satisfactorias para las mujeres, y comenzaron a documentar la diversidad de las experiencias sexuales de las mujeres. Gradualmente, teorizar sobre la sexualidad y la orientación sexual de las mujeres cambió de una confianza en las impresiones clínicas y los estudios de caso hacia el uso de métodos científicos más rigurosos.

En 1973, se produjo otro suceso que fue hito histórico. Como resultado de que la nueva investigación científica mostró que la orientación sexual no está inherentemente vinculada a la salud mental, esto, combinado con los esfuerzos de los activistas gays, hizo que la APA borrara la Homosexualidad per se de su lista de desórdenes mentales (Bayer, 1981). En 1975, El Concejo de Representantes de la APA [APA’s Council of Representatives] adoptó una resolución que afirmaba que la Homosexualidad per se no implicaba lesión o dificultad ninguna en el juicio, la estabilidad, la confiabilidad o las capacidades general sociales o vocacionales; además, la Asociación Sicológica Norteamericana urge a todos los profesionales a ponerse a la vanguardia del movimiento para borrar el estigma de enfermedad mental que por largo tiempo ha sido asociado con las orientaciones homosexuales. (Conger, 1975, p. 633)

En las dos últimas décadas, los profesionales cada vez más han llegado a considerar a la homosexualidad como una vaciante natural en el desarrollo y la expresión de las atracciones y compromiso eróticos. Esta perspectiva ha provisto la base de nuevos abordajes afirmativos de lo gay en la investigación y la práctica. Además, la APA ha diseminado la evidencia científica demostrando que la orientación sexual del mismo género no es patológica; ha trabajado para educar a los sicólogos, a otros profesionales y al público sobre la realidad de las vidas de gays y lesbianas, y ha participado en escritos de amicus curiae concernientes a los derechos legales de lesbianas y gays.

Movimientos Sociales

El feminismo ha sido caracterizado como “el primer movimiento político de la historia que se concentra en el deseo sensual… en el erotismo personal, tomados como cuestiones políticas” (Ehrenreich, Hess, & Jacobs, 1982, P. 88). Las feministas han destacado los modos en que los estándares convencionales de la sexualidad femenina mantienen sistemas de inequidad de género. Han subrayado las fuerzas sociales que dan forma a las vidas de las mujeres y se han enfrentado a las presunciones habituales sobre la “naturalidad” de los roles de género contemporáneos. Las eruditas feministas (e.g., Blumstein & Schwartz, 1990; McCormick, 1994) han demostrado modos en los que los estudios de la sexualidad de las mujeres se han mostrado sesgados por confiar en teorías y modelos basados en la sexualidad de los varones, y han argumentado en favor del valor de análisis derivados de las experiencias de las mujeres.

Además, las modernas feministas han sugerido que el afecto de las mujeres por otras mujeres debería ser conceptualizado como un amplio continuo. Adrienne Rich (1980) explicó que el “continuo lésbico”  incluye

Una gama…–a todo lo largo de toda la vida de cada mujer y a lo largo de la historia- de experiencia identificada con la mujer; no simplemente el hecho de que una mujer ha tenido o ha deseado conscientemente la experiencia genital con otra mujer. Si expandimos [el continuo] para abrazar muchas más formas de intensidad primaria entre mujeres y dentro del grupo de las mujeres [between and among women]…comenzamos a entender la amplitud de la historia y sicología de la mujer, que quedaba fuera de alcance como consecuencia de definiciones limitadas, en su mayoría clínicas, de  “lesbianismo.” (pp. 648-649)

Esta idea subraya lo que hay en común entre las mujeres sin tomar en cuenta su orientación sexual.

En 1969 se3 lanzó en los Estados Unidos un movimiento de derechos civiles gays y lésbicos que pisó los talones de los poderosos movimientos de derechos civiles y feminista. Este movimiento ha trabajado para asegurar algunos derechos legales mayores para lesbianas y hombres gays, incluyendo las políticas de no discriminación en el lugar de trabajo y en las fuerzas armadas y la paridad legal con los heterosexuales en el casamiento, la custodia, adopción y cuidado adoptivo de niños. Estos esfuerzos se fortalecieron en 1996 cuando la Corta Suprema de los Estados Unidos sentenció que los hombres gays y las lesbianas no podían ser señalados como objeto de discriminación  oficial simplemente a causa de la hostilidad o el prejuicio hacia su orientación sexual (Savage, 1996). Esta decisión histórica marcó la primera vez que la alta corte había tratado a los derechos gays como un tema de derechos civiles. En conjunto, este movimiento ha ayudado a identificar fuentes de prejuicio contras las minorías sexuales, trabajado para cambiar las instituciones sociales que mantienen la marginalidad de las lesbianas y los gays, y ha promovido una identidad colectiva entre lesbianas, gays y bisexuales como miembros de un grupo minoritario (véase D’Augelli & Garnets, 1995).

Además, los activistas y las eruditas han resaltado las asociaciones entre heterosexismo, sexismo y las actitudes hacia la Sexualidad de las mujeres. Para dar un ejemplo,  existe una correlación significativa entre dar aval y apoyo [endorsement] a los roles genéricos tradicionales y el prejuicio contra las lesbianas y los hombres gays (Kite & Whitley, 1996). Para quienes defienden los patrones tradicionales de femineidad y privilegio del varón, las lesbianas son vistas como personas que violan los roles adecuados de las mujeres y que desafían la estructura de poder patriarcal (Pellegrini, 1992). Desde este punto de vista, la independencia económica y social de las lesbianas en relación con los hombres es un desafío al tradicional estatus subordinado de las mujeres y rechaza la costumbre de definir la identidad social de una mujer tomando como base su relación con los hombres.

En la Sección II de este número, tres artículos hacen resaltar la importancia de los contextos sociales. La antropóloga Evelyn Blackwood reseñas la investigación que documenta gran diversidad transcultural en las relaciones sexuales y románticas entre mujeres. Su análisis ilustra cómo la formación de patrones en los deseos y relaciones del mismo sexo en las mujeres son moldeadas por las ideologías de género, los sistemas de parentesco y las distinciones de clase. Beverly Greene examina las experiencias únicas de las mujeres afroamericanas lesbianas y bisexuales. En un artículo final de esta sección,  Gregory Herek ataca otra influencia contextual: el difundido prejuicio contra las minorías sexuales en los Estados Unidos. Herek extrae una intensa reseña de investigación extensiva para determinar las actitudes de los heterosexuales hacia las lesbianas y los hombres gays y analizar cómo el género influye en el prejuicio sexual.

Desarrollo: El Rompecabezas de la Orientación Sexual

Hasta hace muy poco, la investigación y la teoría sobre el desarrollo de la orientación sexual se concentraban en la homosexualidad; la heterosexualidad era considerada algo normativo y que necesitaba poca explicación (Kitzinger, Wilkinson, & Perkins, 1992). Hoy es claro que un análisis adecuado de la orientación sexual debe explicar la gama total de patrones afectivos y eróticos. Los artículos de la Sección III de este número se centran en el desarrollo de la orientación sexual en mujeres. (Véase también Bohan, 1996.)

Las explicaciones biológicas de las causas de la Homosexualidad ganaron prominencia en el trabajo de sexólogos tempranos tales como Krafft-Ebing y Ellis. Actualmente, la investigación biológica se concentra en la influencia posible de las hormonas y la genética progenitorial en el desarrollo de la orientación sexual, A pesar del actual entusiasmo de los medios por las teorías biológicas sobre la conducta humana, la evidencia científica no ha podido hallar vínculos clares entre los factores biológicos y la orientación sexual de las mujeres. Esta investigación es reseñada en un artículo de Rosemary Veniegas y Terri Conley en este número. Las opiniones públicas muestran que el determinismo biológico y las implicaciones de políticas de la evidencia científica disponibles también deben ser considerados.

Una segunda respuesta favorita al enigma de la orientación sexual es que las experiencias tempranas en la familia son cruciales. Ésta fue la idea de Freud y de muchos teóricos sicoanalíticos que consideraron que el lesbianismo resultaba de una fijación o detención en el desarrollo sicosexual (Magee & Miller, 1997). Para las mujeres, la homosexualidad estaba ligada a la envida del pene y a las relaciones con los progenitores, tales como una madre dominante y un padre débil. La investigación empírica disponible provee muy poco apoyo para las predicciones sicoanalíticas (e.g., Bell, Weinberg, & Hammersmith, 1981). En lugar de ello, las experiencias familiares infantiles de las lesbianas parecen ser diversas.

Más recientemente, la visibilidad incrementada de progenitores lesbianas y gays ha hecho surgir una nueva pregunta. ¿Cómo influye la orientación sexual de los progenitores, si es que tiene alguna influencia, en la orientación sexual de sus hijos e hijas adultos? Ya sabemos que la mayoría de las lesbianas y los hombres gays tuvieron progenitores heterosexuales, de modo que la influencia de la orientación sexual de los progenitores no puede explicar plenamente la orientación sexual de sus hijos e hijas. Sin embargo, tanto las perspectivas genéticas como de socialización podrían predecir una probabilidad incrementada de Homosexualidad o bisexualidad entre la progenie de progenitores gays o lésbicos (Bailey & Dawood, 1998). Varios estudios han comparado a niños criados por madres lesbianas y padres gays con hijos e hijas de progenitores heterosexuales en situaciones por demás comparables en otros aspectos (véanse las reseñas de Allen & Burrell, 1996; Patterson, 1997). En un estudio ilustrativo, Golombok y Tasker (1996) compararon  25 hijos ya crecidos de madres lesbianas con 20 hijos ya crecidos de madres heterosexuales solas. No encontraron diferencias significativas en la proporción de progenie que informaba atracción sexual del mismo género o que se identificaban como lesbianas/gays/bisexuales. Sin embargo, los hijos adultos de las lesbianas tenían más probabilidad de tener una relación gay o lésbica y más probabilidad de haber tenido una relación de este tipo en el pasado, especialmente si el ambiente de su familia estaba caracterizado por la apertura y aceptación de las relaciones gays y lésbicas. En conjunto, sin embargo, éste y otros estudios demostraron que la vasta mayoría de los hijos de progenitores gays y lesbianas son heterosexuales.

Una tercera perspectiva de desarrollo que se puede rastrear a los primeros teóricos de la inversión apunta al posible rol de la no conformidad de género en la infancia. ¿Las niñas que disfrutan de actividades tradicionalmente masculinas y juegan con niños (motejadas de “varoneras” [so-called tomboys] crecen y llegan a ser lesbianas? De acuerdo con la teoría de orientación sexual de Daryl Bem (1996), lo “exótico se vuelve erótico”, la respuesta es sí. El apoyo empírico para esta tesis en relación con las niñas es débil (Peplau et al., 1998; Peplau et al., 1999). Si ser varonera es un precursor del lesbianismo, que caracteriza a no más del 3% de las mujeres adultas de los Estados Unidos (Laumann, Gagnon, Michael, & Michaels, 1994), podríamos esperar que el ser varonera fuera algo raro. De hecho, aproximadamente la mitad de las niñas y mujeres de Estados Unidos informan ser o haber sido varoneras (e.g., Burn, O’Neil, & Nederend, 1996; Plumb & Cowan, 1984). Los estudios que comparan las experiencias recordadas de infancia en lesbianas adultas y mujeres heterosexuales encuentran informes significativamente más altos de ser varoneras entre las lesbianas, pero la diferencia en tamaño es moderada. Además, estos estudios están basados en relatos retrospectivos que pueden estar sesgados por las experiencias del momento. En un metanálisis de 16 estudios retrospectivos Bailey y Zucker (1995) encontraron que la abrumadora mayoría de las varoneras se vuelven heterosexuales adultas, incluyendo aquellas con puntajes extremos en las mediciones de no conformidad genérica. La no conformidad genérica de infancia no provee una explicación adecuada para el desarrollo de la orientación sexual en la mayoría de las mujeres.

En este número se presentan dos nuevas perspectivas sobre el desarrollo de la orientación sexual de las mujeres. Estos artículos se concentran en las experiencias de las muchachas adolescentes y sistemáticamente investigan los senderos que condujeron a algunas muchachas hacia la heterosexualidad y a otras hacia una orientación lesbiana o bisexual. Janet Hyde y Sara Jaffee analizan las presiones que reciben las muchachas adolescentes para adoptar roles de género tradicionales y para volverse adultas heterosexuales. Consideran que las influencias de la familia, los pares, las escuelas y los medios, y examinan los mensajes interrelacionados que las muchachas reciben sobre la femineidad, la sexualidad y la orientación sexual. Lisa Diamond y Ritch Savin-Williams presentan resultados de un programa de investigación que mapea las exploraciones sexuales de las mujeres adolescentes y adultas jóvenes. En lugar de encontrar una única secuencia de desarrollo que conduce a algunas mujeres hacia las relaciones lésbicas y a otras mujeres hacia las relaciones y la identidad heterosexuales, encuentran patrones complejos y no lineares.

Implicaciones para la Investigación y la Fijación de Políticas

Nuevos modos de conceptualizar la sexualidad de las mujeres y su orientación sexual y nuevos descubrimientos empíricos tienen importantes implicaciones para la investigación científica y las políticas públicas. Los artículos de la Sección IV de este número se concentran en estas implicaciones. Suzanna Rose considera cómo la inclusión de las lesbianas en la investigación de las relaciones personales presenta un desafío a las presunciones heterosexistas sobre la amistad y el romance. Anne Peplau y Linda Garnets reseñan el estado actual de la evidencia científica sobre el desarrollo de la orientación sexual en mujeres y hacen resaltar las brechas del conocimiento existente. Argumentan a favor de un cambio de paradigma alejándose de los viejos modelos que igualan la Homosexualidad con enfermedad o inversión sexual. En su lugar, proponen un nuevo paradigma que reconoce la gran diversidad de las experiencias eróticas de las mujeres y subraya los muchos factores socioculturales que moldean la Sexualidad de las mujeres y su orientación sexual a lo largo del curso de vida.

En el artículo de conclusión, la diputada de la Asamblea del Estado de California Sheila Kuehl se concentra en la interfase entre ciencia, temas sociales y políticas públicas, en el escenario de la orientación sexual. Subraya el valor de la investigación y el análisis científicos en la información de los hacedores de políticas e identifica nuevos temas para políticas que probablemente ganarán prominencia en los próximos años. En una pequeña sección de Palabras Últimas, la ex editora del Journal, Jacqueline Goodchilds, comenta sobre este número y sobre el papel que el Journal de Temas Sociales ha jugado al dar visibilidad a la investigación de las ciencias sociales sobre género, sexualidad y orientación sexual.

Referencias

  • Allen, M., & Burrell, N. (1996). Comparing the impact of homosexual and heterosexual parents on children: Meta-analysis of existing research. Journal of Homosexuality, 32(2), 19-35.
  • Bailey, J. M., & Dawood, K. (1998). Behavioral genetics, sexual orientation, and the family. In C. J. Patterson & A. R. D’Augelli (Eds.), Lesbian, gay and bisexual identities in families (pp. 3-18). New York: Oxford University Press.
  • Bailey, J. M., & Zucker, K. J. (1995). Childhood sex-typed behavior and sexual orientation: A conceptual analysis and quantitative review. Developmental Psychology, 31, 43-55.
  • Baumeister, R. F. (2000). Gender differences in erotic plasticity: The female sex drive as socially flexible and responsive. Psychological Bulletin, 126, 347-374.
  • Bayer, R. (1981). Homosexuality and American psychiatry: The politics of diagnosis. Princeton, NJ: Princeton University Press.
  • Bell, A. P., Weinberg, M. S., & Hammersmith, S. K. (1981). Sexual preference: Its development in men and women. Bloomington: Indiana University Press.
  • Bem, D. J. (1996). Exotic becomes erotic: A developmental theory of sexual orientation. Psychological Review, 103, 320-335.
  • Bem, S. L. (1993). The lenses of gender: Transforming the debate on sexual inequality. New Haven, CT: Yale University Press.
  • Berke, R. L. (1998, August 2). Chasing the polls on gay rights. New York Times, p. WK3.
  • Blumstein, P. W., & Schwartz, P. (1990). Intimate relationships and the creation of sexuality. In D. P. McWhirter, S. A. Sanders, & J. M. Reinisch (Eds.), Homosexuality/heterosexuality: Concepts of sexual orientation (pp. 307-320). New York: Oxford University Press.
  • Bohan, J. S. (1996). Psychology and sexual orientation. New York: Routledge.
  • Brief of amici curiae (1994, December 27) by the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, American Psychological Association, National Association of Social Workers, Inc., Virginia chapter of the National Association of Social Workers, Inc., and Virginia Psychological Association in support of appellee, Bottoms v. Bottoms.
  • Burn, S.M., O’Neil, K., & Nederend, S. (1996). Childhood tomboyism and adult androgyny. Sex Roles, 34, 419-428.
  • Butler, B (1990). Ceremonies of the heart: Celebrating lesbian unions. Seattle, WA: Seal Press.
  • Conger, J. J. (1975). Proceedings of the American Psychological Association, Incorporated, for the year 1974: Minutes of the annual meeting of the Council of Representatives. American Psychologist, 30, 620-651.
  • D’Augelli, A. R., & Garnets, L. D. (1995). Lesbian, gay, and bisexual communities. In A. D’Augelli & C. Patterson (Eds.), Lesbian, gay and bisexual identities over the lifespan (pp. 293-320). New York: Oxford University Press.
  • D’Emilio, J., & Freedman, E. B. (1988). Intimate matters: A history of sexuality in America. New York: Harper & Row.
  • Ehrenreich, B., Hess, E., & Jacobs, G. (1982, March). A report on the sex crisis. Ms., 61-64, 87-88.
  • Ellis, H. (1928). Studies in the psychology of sex: Vol. II. Sexual inversion. Philadelphia: F. A. Davis. (Original work published 1897)
  • Freud, S. (1938). Three conditions to the theory of sex. In A. A. Brill (Ed.), The basic writings of Sigmund Freud (pp. 553-629). New York: Modern Library. (Original work published 1905)
  • Garnets, L. D., & Kimmel, D.C. (1991). Lesbian and gay male dimensions in the psychological study of human diversity. In J. D. Goodchilds (Ed.), Psychological perspectives on human diversity in America (pp. 143-192). Washington, DC: American Psychological Association.
  • Goldenberg, C. (1996, December 5). A victory for same-sex parenting, at least. New York Times, p. A20.
  • Golombok, S., & Tasker, F. (1996). Do parents influence the sexual orientation of their children? Findings from a longitudinal study of lesbian families. Developmental Psychology, 32, 3-11.
  • Hyde, J. S., & Durik, A. M. (2000). Gender differences in erotic plasticity: Evolutionary or sociocultural forces? Psychological Bulletin, 126, 375-379.
  • Kinsey, A. C., Pomeroy, W. B., Martin, C., & Gebbard, P. H. (1953). Sexual behavior in the human female. Philadelphia: Saunders.
  • Kite, M. E., & Whitley, B. E. (1996). Sex differences in attitudes toward homosexual persons, behaviors, and civil rights: A meta-analysis. Personality and Social Psychology Bulletin, 22(4), 336-353.
  • Kitzinger, C., Wilkinson, S., & Perkins, R. (1992). Theorizing heterosexuality. Feminism & Psychology, 2(3), 293-324.
  • Krafft-Ebing, R. von (1950). Psychopathia sexualis (F. J. Rebman, Trans.). Brooklyn: Physicians and Surgeons Book Co. (Original work published 1908)


[1] LINDA D. GARNETS ha sido conferencista en los Departqamentos de Sicología y de Estudios de las Mujeres en la Universidad de California en Los Angeles  desde 1987, donde dicta un curso llamado  “Sicología de la Experiencia Lésbica.” Es conocida en toda la nación por sus publicaciones y presentaciones sobre sicología lésbica y gay, incluyendo una antología coeditada llamada Perspectivas Sicológicas sobre las Experiencias lésbica y de Varones Gays. Actualmente está en las juntas editorials de Professional Psychology: Research and Practice, Lesbian and Gay Psychology y en el Journal of Gay and Lesbian Psychotherapy. Garnets es la última Presidenta de la Mesa para el Progreso de la Sicología en el Interés Público de la Asociación Sicológica Norteamericana [American Psychological Association’s (APA)] y del Comité de Interés Gay Lésbico de la APA. Ha sido miembro del Consejo de la SPSSI y presidio tanto el Comité de Educación Continua y el Comité de Acción Social de Internos. Garnets es consultora de organizaciones y sicoterapeuta especialidad en organizaciones con propósito social sin fines de lucro y en clients gays y lesbianas.

[2] LETITIA ANNE PEPLAU es Profesora de Sicología Social en la Universidad de California en Los Ángeles. Ha sido miembro de la SPSSI por 2 décadas y coeditó (con Connie Hammen) an earlier Journal issue on “Sexual Behavior: Social Psychological Issues” (1977). A past president of the International Society for the Study of Personal Relationships, Peplau was the 1997 recipient of the Distinguished Scientific Achievement Award from the Society for the Scientific Study of Sexuality. She has published many empirical papers on gender and close relationships, including studies of heterosexual, lesbian, and gay male relationships. Her other books include Gender, Culture and Ethnicity (coedited with Debro, Veniegas, and P. Taylor), Sociocultural Perspectives in Social Psychology (coedited with S. Taylor), and Loneliness (coedited with Perlman).

[3] Agradecemos a Kristin Beals, Jacqueline Goodchilds, Nicole Hastings, Emily Impett y Daniel Perlman por sus valiosos comentarios sobre una version anterior de este artículo. La correspondencia relative a este artículo debe ser dirigida a Linda D. Garnets o a Letitia Anne Peplau, Department of Psychology, Box 951563, University of California, Los Angeles, CA 90095-1563 [e-mail: lgarnets@ucla.edu or lapeplau@ucla.edu].

 

Herbert 20ce08 El cerebro y la identidad de género

Brain (2008), 131, 3115^3117

¿Quién nos creemos que somos? El cerebro y la identidad de género

 

Joe Herbert

Cambridge Centre for Brain Repair, Department of Clinical Neurosciences and Department of Physiology, Development and Neuroscience, University of Cambridge E-mail: jh24@cam.ac.uk

 

Nadie (escribió Frank Beach, notable contribuyente al estudio experimental de las hormonas y el comportamiento sexual) murió nunca por falta de sexo. Pero los aspectos personales, sociales y legales de la conducta sexual son una preocupación omnipresente en todos los humanos. La variedad y las extravagancias del sexo pueden tener severas implicancias, y la existencia de homosexualidad y de desórdenes de identidad de género demanda algún tipo de explicación (Bancroft, 2008). Por lo tanto, la neurociencia puede preguntarse por qué ha contribuido tan poco a entender la sexualidad humana. Una razón es nuestra ignorancia relativa al cerebro en general, que hace fracasar los intentos de relacionar patrones particulares de actividad cerebral con un comportamiento observable de modo que contribuya a la comprensión. Otra razón es el efecto de las costumbres [mores] sexuales en el estudio de la sexualidad: el estudio del sexo es todavía considerado una carrera levemente risqué, y es dificultado por la política, las restricciones y los prejuicios de las sociedades humanas. Se necesitó la epidemia de SIDA para convencer a muchos  gobiernos y entes financiadores de que estudiar el sexo era importante y respetable. La mayor parte de nuestra información sobre la neurobiología del sexo viene de estudios en animales (Becker et al., 2005), pero prácticamente todo lo que sabemos sobre las variaciones de la sexualidad humana, incluyendo la heterosexualidad y la homosexualidad, y los desórdenes de identidad de género (transexualismo), vienen de material clínico, anécdotas e incluso ficción (los tres se superponen).

Es ahora bien sabido que la determinación del sexo depende en altísimo grado del gen SRY codificado en el cromosoma Y. Pero los genes, por supuesto, no hacen nada por sí mismos; activan moléculas que son mecanismos, y entre ellas es prominente la testosterona. Durante el desarrollo, el feto varón secreta testosterona, y la producción puede continuar entrada la vida posnatal temprana. Esto tiene efectos espectaculares en los órganos reproductivos internos, y promueve la disposición de órganos propia del varón [masculine arrangement]. Pero aquí estamos más interesados en lo que le hace al cerebro. Los estudios experimentales muestran que tanto los patrones de conducta sexual como la preferencia por las hembras [mujeres] están dirigidos hacia el tipo ‘macho [varón]’ por exposición a la testosterona durante este período crítico (reseñado en Pardridge et al. 1982; Gorski, 2002). Si esto vale en cada detalle para los humanos es algo todavía en debate (Swaab, 2007). Incluso entre las especies más estrechamente relacionadas, las estrategias reproductivas (particularmente de la hembra) son curiosamente variadas, lo que hace que  extrapolar a los humanos sea algo riesgoso (Baum, 2006). Sin embargo, hay cimientos experimentales que permiten sugerir que las variaciones en exposición prenatal a la testosterona pueden influir en la preferencia sexual (orientación) posterior en el ser humano [man]. Pero sobre un tema igualmente importante, la identidad de género (si pensamos de nosotros mismos como varones o como mujeres), la literatura experimental guarda silencio. Por una buena razón: los animales no puede informar, como los humanos, sobre su identidad de género, y nadie ha encontrado un modo indirecto de revelar la identidad de género de un mono, y mucho menos de una rata. No hay un modelo experimental de transexualidad. Así que los estudios en neurociencia de la transexualidad humana están limitados solamente a los humanos.

La lógica detrás de estos estudios es simple, aunque necesariamente limitada. Defínase una diferencia de sexo en algún rasgo del cerebro, preferiblemente una de la que se sepa que está asociada con la conducta sexual; después demuéstrese que esta diferencia va en la dirección esperada en quienes informan disforia de género (la creencia de que uno tiene una identidad de género ‘verdadera’ o ‘medular’ [‘true’ or ‘core’ gender identity] opuesta tanto al sexo cromosómico como al habitus corporal). Como muchos disfóricos de género reciben o se autoadministran esteroides típicos del sexo opuesto, es importante excluir que sean ellos los determinantes del rasgo neural atípico. Una asociación clara entre los fenotipos neural y comportamental sugiere que esto es causal. Esto es, esencialmente, lo que Garcia-Falgueras y Swaab informan en este mismo número (página 3132). Del área preóptica medial del hipotálamo (MPOA) se sabe que está involucrada en patrones de comportamiento sexual propios del macho [masculine] en roedores y monos, y se sabe que es sexualmente dimórfica, aunque debe señalarse que hay indicios de que promueve el desempeño sexual (la capacidad de copular) y no la motivación para el sexo de tipo propio del macho (reseñado en Balthazart y Ball, 2007). Garcia-Falgueras y Swaab encuentran que parte de esta área, el INAH3 en humanos, es más grande y tiene una cantidad y densidad de neuronas mayor en hombres que en mujeres, y que los transexuales de varón-a-mujer (MtF) se parecen a las mujeres.

Pero estas estadísticas en general cuentan solamente una parte del cuento. Sus datos muestran considerable superposición entre varones, mujeres y VAM [MtF]. Así, o bien la precisión de sus métodos no es muy alta, o hay una relación indistinta entre el INAH3 y la identidad de género individual. Esto es raro:  la gente generalmente no tiene dudas sobre su género, aunque hay grados de ‘masculinidad’ y ‘femininidad’ autoconsideradas. Hay otras preguntas: ¿por4 qué tener más neuronas en el INAH3 debería predisponer a la identidad sexual del varón? Parece mprobable que estos métodos tan simples lleguen alguna vez a decirnos mucho sobre la base neural de la sexualidad humana. La dificultad de interpretar mediciones como el volumen es puesta en foco por su primer resultado: informan que el peso del cerebro es mayor en varones que en mujeres (lo que no es sorprendente), pero que los sujetos MtF tienen valores intermedios. ¿Cómo debemos interpretar esto? ¿Y por qué diferencias similar en INAH3 son asociadas, en estudios previos, con la homosexualidad del varón (Le Vay, 1991)? La identidad de género no predice la orientación sexual: todas las permutaciones son posibles (Hellman et al., 1981). A decir verdad, en los casos estudiados por Garcia-Falgueras y Swaab, solamente 7 de 11 estaban orientados hacia las mujeres (i.e. no homosexuales por su sexo cromosómico, pero homosexuales por su identidad genérica). ¿Cómo podría la misma área del cerebro regular estos dos aspectos independientes de la sexualidad, aunque, esto debe decirse, hay límites indistintos entre homosexualidad, identidad de género y otros aspectos de la sexualidad? Por ejemplo, los muchachos jóvenes que prefieren travestirse probablemente serán homosexuales, no transexuales, en la vida adulta (Green, 1985).

Hay algo de desacuerdo sobre si los niveles de testosterona en el adulto pueden alterar el tamaño o la estructura química del MPOA en roedores (Davis et al., 1996; Ulibarri y Yahr, 1993). Garcia-Falgueras y Swaab intentan eliminar este punto como factor en su estudio estudiando el INAH3 en cinco hombres orquidectomizados (no-transexuales). Sus resultados no ayudan mucho: no hay diferencias en el volumen del INAH3 o en la cantidad neuronal entre estos sujetos y el control o los varones VAM [MtF males], o las mujeres. Las secciones de Y teñidas con neuropéptido muestran una reducción en volumen comparada con los varones de control. El intervalo entre la castración y la muerte era muy breve en la mayoría de sus casos. Es curioso que las estructuras en el hipotálamo, una parte del cerebro estrechamente asociada con sucesos internos del cuerpo más que con sucesos externos a él, pueda determinar preferencia sexual o identidad de género. Estudios previos hechos por el mismo laboratorio (Zhou et al., 1995), así como otros, muestran diferencias estructurales asociadas con variedades de comportamiento sexual y actitud en otras áreas del cerebro, por ejemplo en el lecho núcleo de la stria terminalis (BST), que está vinculado tanto como con el hipotálamo como con la amigdala. El último tiene más acceso directo a estímulos externos, tales como los que determinan el atractivo sexual. Parece que puede ser un ‘sistema’ neural, más que una sola área nodal, lo que determine o influya en los diferentes parámetros de la sexualidad humana. Agreguemos a esto la evidente contribución de la corteza cerebral, involucrada en la conciencia social, las actitudes, la toma de decisiones y el uso del sexo como instrumento social y podemos ver que los límites del cerebro ‘sexual’ son tan indistintos como la definición misma de sexo.

Pero la significación del artículo de  Garcia-Falgueras y Swaab es en realidad tanto política e incluso legal como lo es neurocientífica. Si hay rasgos demostrables y funcionalmente relevantes en el cerebro que subyacen en las creencias y proclividades que determinan la conducta de una persona desde una edad temprana, y que puede ser inmutables, entonces la argumentación en pro de una redefinición del géner y en pro de la cirugía de reasignación en transexuales se fortalece. Hay todavía conflicto entre quienes consideran que la sexualidad humana está o bien biológica o bien socialmente determinada (las dos cosas, por supuesto, no son mutuamente excluyentes, como algunos parecen creer, y deben trabajar juntas). Los estudios futuros pueden descubrir explicaciones neurobiológicas más exactas para el extraño fenómeno humano de la disforia de género, y esto podría ayudar a nuestra comprensión de una sexualidad más similar a la mayoritaria y aceptada [ more mainstream sexuality] (Brunetti et al., 2008). Nuestra visión de la homosexualidad fue alterfada por los descubrimientos de  Le Vay sobre el INAH3 (1991). Un día,alguien puede descubrir un rasgo neural (lo que podría llamarse una anormalidad) subyacente en otros rasgos, menos aceptables, como la pedofilia. ¿Y qué hacer entonces? Ya hay sugerencias de que la lesión en la cabeza antes de la edad de 13 años es más común que lo usual entre los pedófilos (Blanchard et al., 2003).

 

Acknowledgements : I thank J. Bancroft, R. Green and M. Hines for their help with this commentary. Funding : Wellcome Trust.

 

  1. References
  2. Balthazart J, Ball GF. Topography in the preoptic region: differential regulation of appetitive and consummatory male sexual behaviors. Frontiers Neuroendocrinol 2007; 28: 161–78.
  3. Bancroft JHJ. Human sexuality and its problems. 3rd edn. London: Churchill Livingstone; 2008.
  4. Baum MJ. Mammalian animal models of psychosexual differentiation: when is ‘translation’ to the human situation possible? Horm Behav 2006; 50: 579–88.
  5. Becker JB, Arnold AP, Berkley KJ, Blaustein JD, Eckel LA, Hampson E, et al. Strategies and methods for research on sex differences in brain and behavior. Endocrinology 2005; 146: 1650–73.
  6. Blanchard R, Kuban ME, Klassen P, Dickey R, Christensen BK, Cantor JM, et al. Self-reported head injuries before and after age 13 in pedophilic and nonpedophilic men referred for clinical assessment. Arch Sex Behavior 2003; 32: 573–81.
  7. Brunetti M, Babiloni C, Ferretti A, Del Gratta C, Merla A, Olivetti Belardinelli M, et al. Hypothalamus, sexual arousal and psychosexual identity in human males: a functional magnetic resonance imaging study. Eur J Neurosci 2008; 27: 2922–7.
  8. Davis EC, Shryne JE, Gorski RA. Structural sexual dimorphisms in the anteroventral periventricular nucleus of the rat hypothalamus are sensitive to gonadal steroids perinatally, but develop peripubertally. Neuroendocrinology 1996; 63: 142–8.
  9. Gorski RA. Hypothalamic imprinting by gonadal steroid hormones. Adv Exp Med Biol 2002; 511: 57–70.
  10. Green R. Gender identity in childhood and later sexual orientation: follow-up of 78 males. Am J Psychiat 1985; 142: 339–41.
  11. Hellman RE, Green R, Gray JL, Williams K. Childhood sexual identity, childhood religiosity, and ‘homophobia’ as influences in the development of transsexualism, homosexuality, and heterosexuality. Arch Gen Psychiatry 1981; 38: 910–5.
  12. Le Vay S. A difference in hypothalamic structure between heterosexual and homosexual men. Science 1991; 253: 1034–7.
  13. Pardridge WM, Gorski RA, Lippe BM, Green R. Androgens and sexual behavior. Ann Intern Med 1982; 96: 488–501.
  14. Swaab DF. Sexual differentiation of the brain and behavior. Best Pract Res Clin Endocrinol Metab 2007; 21: 431–44.
  15. Ulibarri CM, Yahr P. Ontogeny of the sexually dimorphic area of the gerbil hypothalamus. Brain Res Dev Brain Res 1993; 16: 14–24.
  16. Yahr P, Finn PD, Hoffman NW, Sayag N. Sexually dimorphic cell groups in the medial preoptic area that are essential for male sex behavior and the neural pathways needed for their effects. Psychoneuroendocrinology 1994; 19: 463–70.
  17. Zhou JN, Hofman MA, Gooren LJ, Swaab DF. A sex difference in the human brain and its relation to transsexuality. Nature 1995; 778:68–70.

Thorstadt 2003 Pederastiay Homosexualidad

Publicado en internet por NAMBLA (National Man-Boy Love Association), 2003

Pederastia y Homosexualidad

por David Thorstad

 

Discurso del 26 de junio de 1998 en la Semana Cultural Lésbica-Gay, México.

Pronunciado en español, publicado en inglés y vertido al español por Rafael Freda

 

“Nuestro movimiento hoy enfatiza la liberación y el empoderamiento de los jóvenes. En lugar de pedagogía, democracia. En lugar de una relación de amor griego con un mentor, el compañerismo de individuos independientes y autónomos. En lugar de la supremacía del varón, una visión de la liberación sexual, económica y política para todos. La libertad es indivisible. La liberación de los niños, de las mujeres, de los que aman a los adolescentes [boy-lovers], y de los homosexuales en general, puede solamente darse como facetas complementarias del mismo sueño.”

 

El problema del amor entre hombres y muchachos ha intersecado el movimiento gay desde fines del siglo XIX, con el surgimiento en Alemania del primer movimiento de derechos gays. En los Estados Unidos, a medida que el movimiento gay se ha retirado de su visión de liberación sexual, en favor de la integración y la asimilación a las estructuras políticas y sociales existentes, ha buscado crecientemente marginalizar, incluso demonizar el amor transgeneracional. La pederastia  (esto es, el amor entre un hombre y un joven de 12 a 18 años de edad) dicen los homosexuales, lesbianas y feministas de clase media que no tiene nada que ver con la liberación gay. Algunos van tan lejos que proclaman, absurdamente, que es un fenómeno heterosexual, o incluso “abuso sexual.” ¡Qué travesti!

La pederastia es la forma principal que la homosexualidad del varón ha adquirido a todo lo largo de la civilización occidental, ¡y no solamente en Occidente! La pederastia es inseparable de las altas cumbres de la cultura occidental: la Antigua Grecia y el Renacimiento.

En Alemania, a fines del siglo XIX, la pederastia fue una parte integral del Nuevo movimiento gay. La primera revista gay del mundo – Der Eigene, publicada a partir de 1896 (un año antes de la formación del primer grupo homosexual de derechos, el Comité Científico Humanitario de Magnus Hirschfeld) – fue una revista pederasta y anarquista “para la cultura del varón” con una visión general anarquista individualista basada en las ideas de Max Stirner (autor de Der Einzige und sein Eigentum). Su editor, Adolf Brand, fue una figura líder del movimiento gay durante las primeras décadas, hasta que los Nazis llegaron al poder. La revista continuó apareciendo hasta 1933. Brand murió en Berlín en 1945 durante un bombardeo aliado.

Otro pederasta y escritor líder, Benedict Friedlaender, también fue un líder del comité de Hirschfeld, hasta 1908 en que cometió suicidio. De modo no diferente de hoy, los dos grupos -los pederastas de la Gemeinschaft der Eigenen (la Comunidad de los Propietarios de Sí Mismos) y el grupo de Hirschfeld- constituían dos alas del movimiento gay. Aunque colaboraban en algunas cosas (por ejemplo, ambos se opusieron al estatuto de sodomía, el Parágrafo 175), los separaban agudas diferencias ideológicas y científicas. De modos misteriosos, muchas de estas diferencias persisten en las muy diferentes circunstancias de hoy.

 

Con la difusión del modelo medico de homosexualidad a fines del siglo XIX llegó al movimiento gay una creciente influencia de médicos y siquiatras. Estos consideraban a los homosexuales como un “tercer sexo,” o como “tipos sexuales intermedios” (Zwischenstufen en alemán), un “alma de varón atrapada en cuerpo de mujer” (o viceversa para lesbianas) – idea presentada por Hirschfeld. Los pederastas combatieron activamente esta idea. Creían en una bisexualidad inherente de los seres humanos y argumentaban que la influencia de la profesión médica le daba al movimiento gay el aura de un hospital. La mayoría sentían que los varones mayores y los más jóvenes se atraían naturalmente entre sí y que la pederastia era un bien positivo para la sociedad porque ayudaba a socializar a los varones jóvenes y los proveía con una necesaria descarga sexual, con lo que se reducían fenómenos sociales indeseables como los embarazos indeseados y la prostitución. Unos pocos (Hans Blüher, por ejemplo, famoso por su libro sobre el movimiento Wandervogel) creía que la pederastia y la vinculación de varones proveía una base para una nación y un estado más fuertes – una idea que, en forma pervertida, encontró una expresión distorsionada en el militarismo de la Juventud de Hitler.

Friedlaender, por ejemplo, ridiculizaba el concepto de “una pobre alma mujeril languideciendo en un cuerpo de varón, y de `tercer sexo,’ ” y atacaba el concepto de tercer sexo diciendo que era “degradante y mendicante…suplicando por piedad.” Insistía en un abordaje histórico que también tomaba en cuenta la evidencia antropológica, y escribió: “Un vistazo a las culturas de países anteriores y fuera de la Cristiandad es suficiente para mostrar la completa insostenibilidad de la teoría [Zwischenstufen]. Especialmente en la Antigua Grecia, la mayoría de los líderes militares, artistas y pensadores habrían sido ‘hermafroditas síquico.'” 1

En su crítica del concepto de tercer sexo y su reconocimiento de las ambigüedades y la potencial bisexualidad del animal humano, los pederastas hacían pie más firme que el movimiento gay mayoritario “de opinión dominante”. El argumento del tercer sexo hace años que está completamente desacreditado.

Cada vez más, los grupos asimilacionistas gays y lésbicos de los Estados Unidos, en algo similar a un retroceso al siglo XIX, argumentan que la homosexualidad es innata, que está genéticamente determinada (“no podemos evitar ser gays, nacimos así, así que por favor no nos discriminen”: un eco del argumento decimonónico que prácticamente pide piedad y que de ningún modo presenta un desafío a la represión social del amor del mismo sexo, ya incorporada). El movimiento de clase media de hoy en día busca tratamiento especial para una clase especial de persona que ha adoptado una identidad “gay”  (la “gente gay”) en lugar de buscar liberar el potencial sexual reprimido de cada uno. Para ellos, lo que importa es identidad, o práctica. El argumento básico del movimiento gay de hoy se reduce a lo siguiente:  los homosexuales nacen como son, y los heterosexuales nacen como son; por lo tanto, la liberación homosexual no significa ninguna amenaza para el statu quo y dominancia de la  heterosupremacía. Éste es el viejo argumento “natura versus nurtura” vestido con nuevas ropas acomodacionistas.

La pobreza teórica de esta idea puede ser vista en el hecho de que muchas personas – incluyendo, sin duda, algunas que están en esta habitación, cambian su conducta sexual dependiendo de las circunstancias o a lo largo de sus vidas.  Si hubiera una base genética para la homosexualidad y la heterosexualidad – esto es, nuestra conducta fuera determinada por nuestros genes, y no por una miríada de variables sociales y culturales que difiere de persona a persona – no es como categorías distintas y mutuamente exclusivas, sino como potenciales de variación o expresión sexual que están al alcance de todos. (Esta línea de pensamiento antighetto ha sido elocuentemente expresada por el difunto activista italiano Mario Mieli en su libro, Homosexualidad y Liberación.)

La motivación real detrás de este renacimiento del argumento “innato” es política, no científica. Los asimilacionistas gays quieren volverse parte de una sociedad capitalista no igualitaria existente, no cambiar esa sociedad de ningún modo fundamental. Su abordaje es inherentemente egoísta, no altruista. Buscan ajustes menores en el status quo, no cambio social radical. Han sido cooptados por la estructura de poder heterosupremacista.

Una contradicción obvia de la posición asimilacionista es que si la identidad homosexual es innata, como dicen, ¿entonces por qué se oponen a la libertad de expresión sexual para los menores? Los asimilacionistas arguyen que la identidad sexual está fija al llegar a los seis años, pero les niegan a las personas jóvenes el derecho de disfrutar de placer sexual con la persona que esas personas mismas elijan. Para los asimilacionistas, la palabra  clave no es “liberación”, sino “protección”; le piden al estado que “proteja” a las personas jóvenes impidiendo que expresen y exploren su propia conducta sexual. Quieren “proteger” a los jóvenes de los “viejos sucios” (incidentalmente, estoy hablando en mi calidad de “viejo [gay] sucio “, algo que para mí es una meta positiva), pero en realidad están protegiendo a las personas jóvenes de ellos mismos.  Apoyan la criminalización de la sexualidad de los jóvenes, especialmente si involucra sexo con un hombre adulto. Condenan a cualquier adulto que ayude a una persona joven a explorar su sexualidad. Son como padres – solo que peor, porque pretenden ofrecer una guía al futuro gay.

Por supuesto, el dinero juega un rol en esto también. Es muy claro, por ejemplo, en los muchos escándalos en Estados Unidos por sexo entre sacerdotes y jóvenes, en los que la Iglesia Católica ha pagado millones de dólares en un esfuerzo para resolverlos. Si, como ha ocurrido frecuentemente en estos escándalos, (1) el muchacho volvía regularmente a lo largo de un período de años para tener sexo con el sacerdote, y (2) la “víctima” esperaba de veinte a treinta años antes de denunciar al sacerdote, uno tiene derecho a preguntarse si su motivo no era financiero por encima de todo; y si existe una sensación de culpa, es resultado principalmente de la actitud medieval e hipócrita de la iglesia, y no automáticamente, ni necesariamente, de la relación sexual en sí.

Hay también un número creciente de agencias que reciben dinero del estado, que se dedican a la protección del niño gay (yo las llamo “sociedades de protección de [boy dick] (la pija infantil) “, organizaciones de apoyo de juventud, grupos que trabajan con niños y fugados del hogar (víctimas de violencia familiar) que han sido abusados. Pero ese dinero está disponible solamente si esas agencias repiten como loros la línea oficial antisexual (o antihomosexual) de los proveedores estatales de fondos.

En mi estado de Minnesota, por ejemplo, estas agencias gays no luchan por borrar el estatuto de sodomía. Minnesota es considerado uno de los estados más liberales de los Estados Unidos (y ha tenido legisladores abiertamente gays y lesbianas por más de una década), pero los asimilacionistas gays apenas reconocen que el estado tiene todavía un estatuto de sodomía cuando más de la mitad de los otros han eliminado los suyos, y esto después de más de doscientos años desde que la Revolución Francesa derogara la ley francesa. Son perritos falderos de los partidos de la clase gobernante que prefieren asistir a cocteles con el opresor como modo de protestar contra la opresión. También se niegan a pedir un descenso de la edad de consentimiento o una derogación de las leyes de edad de consentimiento (en Minnesota, la edad de consentimiento para sexo heterosexual, por supuesto, ya que el sexo homosexual sigue no siendo legal a ninguna edad; es, como en México, los 18 años).  El estado tampoco tiene ley de “emancipación de menores”, algo que se necesita desesperadamente para empoderar a menores que no pueden vivir con familias  abusivas; pero las agencias de protección de la juventud gay mantienen un silencio ensordecedor sobre la necesidad de una tal ley. No quieren confrontar con las políticas antisexuales del estado, porque quien paga sus salaries es el estado, y se han vuelto como cerdos en el comedero. Como dijo una vez el gran líder negro Malcolm X: “Cuando te ponen encima esos dólares, tu alma se va.”

 

El código penal alemán en el siglo XIX colocó la edad de consentimiento en los 14 años. En 1897, el Comité Científico Humanitario comenzó a hacer circular una petición convocando a derogar el estatuto de sodomía (una campaña que duró veinticinco años y no tuvo éxito). El Comité esperó que su propuesta fuera más del gusto de las autoridades proponiendo que, a cambio de la derogación del estatuto, ¡la edad de consentimiento fuera elevada a los 16! Con esto comenzó una tendencia, que ha continuado en el movimiento gay hasta hoy, para cambiar el foco apartándolo de la naturaleza consensual de los actos sexuales para conseguir más libertad de movimiento sexual para adultos a costa directa de otros – personas jóvenes y amantes de muchachos, de cuyas relaciones saben (o deberían saber) que no son menos consensuales.

El escritor John Henry Mackay expresó indignación por los esfuerzos que hizo el comité de Hirschfeld para intercambiar una elevación de la edad de consentimiento por la derogación del Parágrafo 175. En su panfleto de 1907 Gehör! Nur einen Augenblick! (¡Escuchen! ¡Sólo un Momento!), advirtió que “Ninguna ley puede proteger a la juventud de la seducción. Eso solo puede hacerlo la ilustración.” En lugar de la ley, deberíamos confiar en la no escrita “ley del amor.” Denunciaba a los “seductores profesionales de la juventud” que seducirían a un muchacho “antes de que haya alcanzado la época de la madurez,” pero advertía que cada uno es diferente y por lo tanto la edad no podía ser el criterio: “Aquí es donde está el límite, y no en la estipulación artificial de la edad. Una persona es madura, y sin embargo sigue pareciendo un niño; la persona de al lado es todavía un niño, aunque lo consideramos maduro en razón de su edad.” 2 Resumiendo su lucha en 1912, sacó esta conclusión: “es nuestra tarea, la de los que amamos a las personas jóvenes, ganarlos para nosotros mismos – no por persuasión y seducción, sino por amor y  amistad.” 3

En 1924, Mackay voceó su amargura ante los esfuerzos de Hirschfeld y otros para e acomodarse a los prejuicios contra el amor de hombre / muchacho [man/boy love]:

 

Porque otra vez se ha demostrado en estos años que este amor debe buscar sus enemigos entre los que se llaman a sí mismos “líderes” en esta lucha y que se han hecho responsables en una de sus ridículas y degradantes peticiones a los que actualmente están en el poder, que han abogado públicamente por una “edad de consentimiento” – no para niños, sino para muchachos y jóvenes maduros – y por lo tanto la persecución y el castigo de aquellos de los que saben, como ningún otro sabe, que son tan justos e inocentes como ellos mismos, y una vez más los que aman a una edad mayor han buscado salvarse a costa de los camaradas-de-destino de su época: una traición a la causa más desdichada en intención y más temible en su resultado no puede imaginarse. 4

 

Un ejemplo más reciente de esta tendencia a buscar mejoras para algunos a costa de otros fue la decisión del estado de Wisconsin de Mayo  de 1983 de descriminalizar el sexo consensual homosexual entre adultos.  ¡Incrustada en la medida había una enmienda que aumentaba de contravención  [misdemeanor] a delito [felony] el sexo entre un adulto y un adolescente de 16 o 17 años de edad! Este ataque contra los derechos sexuales de los jóvenes navegó a través de la legislatura sin que hubiera ninguna protesta del movimiento gay y lésbico.

 

En los primeros años del siglo XX, los pederastas reaccionaron a la atmósfera asfixiante y sexorrepresiva de la Alemania de la Primera Preguerra Mundial celebrando la desnudez y la belleza del cuerpo. La glorificación del cuerpo del varón… la Antigua Grecia había hecho posible pintar y discutir un aspecto universal de la sexualidad humana frente a la ignorancia difundida, la creciente medicalización de la homosexualidad y la legislación  represiva.  Junto con esta glorificación del cuerpo del varón, sin embargo, corría una tendencia por parte de algunos pederastas, que denigraba otras formas de expresión sexual, particularmente entre dos miembros adultos del “tercer sexo”, e incluso misoginia. Friedlaender, por ejemplo, exageró al punto de rechazar al Marxismo y la Social Democracia ¡basándose en que el apoyo que habían dado al voto de las mujeres demostraba que se habían sometido ante la presión de las mujeres!

Tales ideas fueron fuertemente criticadas por otros pederastas. Uno de ellos, Edwin Bab, escribió varios artículos al comienzo de este siglo que siguen siendo asombrosamente contemporáneos en sus análisis. Para él, la meta del movimiento de amor hombre / muchacho era “una reforma fundamental de nuestra moral,” y esto no podía ser logrado aisladamente del movimiento de las mujeres, ni siquiera pensar en oposición a él. Acusó a Friedlaender de haber desarrollado “los puntos de vista más reaccionarios,” y advirtió a los amantes de los muchachos en contra de permitir que su “culto del amor de amigos arrastrase consigo un desprecio por las mujeres similar a la posición que tuvo la mujer en la Antigua Grecia.” Tanto el amor de los muchachos como el movimiento de las mujeres, argumentaba,  “incuestionablemente deben trabajar mano a mano.” Si ambos movimientos pudieran unir fuerzas, esperaba, “en el futuro no muy distante florecería una cultura verdaderamente humana” 5 Adolf Brand, Mackay, y Elisar von Kupffer se opusieron todos a las ideas misóginas de Friedlaender. Desdichadamente, sin embargo, en vista de las tendencias antisexuales dentro del movimiento de mujer a lo largo de los pasados veinte años, las ideas de Bab fueron desembozadamente optimistas.

Mackay vio como uno de los más grandes errores del movimiento gay alemán lo siguiente: (1) un intento de presentar este amor como  “más noble y mejor,” cuando en realidad es “un amor como cualquier otro, ni mejor ni peor,” e igualmente capaz de traer felicidad si es un amor verdadero; (2) un intento de “promover la libertad de los hombres para amar, a costa de las mujeres”; y (3) un error final, que fue “más desastroso, en mi opinión, que todos los otros”: “Este amor, perseguido por jueces y condenado por sacerdotes, ha huido hacia los doctores en medicina, como si fuese una enfermedad que pudiese ser curada por ellos.” 6

De modo paralelo al temprano movimiento pederasta alemán, y superponiéndose con él, existieron los movimientos Wandervogel y de la juventud. El primer grupo Wandervogel fue fundado en 1896, el año en que apareció el primer número de Der Eigene. Al llegar 1913, había aproximadamente 800 diferentes grupos Wandervogel, con más de 25.000 miembros. El Wandervogel (que literalmente significa “pájaro migratorio”) fue inicialmente puramente de varones, y organizaba a la juventud en actividades a cielo abierto tales como caminar los senderos y acampar. Representaba una reacción contra las restricciones de la sociedad burguesa. El movimiento continuó intermitentemente hasta que en gran medida fue absorbido por la Juventud Hitlerista.

No era un movimiento gay, y su ideología era “dirige y déjate dirigir.” El Wonderwogel institucionalizaba el sentimiento homoerótico, aunque no necesariamente el sexo entre líderes y seguidores. Esta visión general contenía una ambigüedad inherente: institucionalizaba algo parecido a la relación griega con el mentor por un lado, pero por otro contenía un potencial militarístico implícito. Hoy en día la mayoría de nosotros encontraríamos la combinación de visión de homoerotismo y liderazgo menos atractiva que el desarrollo libre de todas las formas de ternura y verdadera democracia. 7

Una de las figuras líderes del movimiento Wandervogel fue Hans Blüher, quien se unió a él en 1902, a los 14 años. Era un misógino que creía en la inferioridad innata de las mujeres, y sin embargo en que la bisexualidad era la condición humana natural. En su opinión, los hombres homosexuales y bisexuales eran los mejores maestros de los jóvenes, una idea asombrosamente expresada también por Friedlaender: “Sólo aquél que es un buen pederasta puede ser un perfecto pedagogo.”

Blüher sentía asco por Hirschfeld y su círculo, y decía que la campaña para derogar el Parágrafo 175 “no tiene ningún interés de ningún tipo para mí.” La homosexualidad, decía, debía ser aceptada, no tolerada. Todo el mundo tiene un componente gay, de modo que el conocimiento de la homosexualidad beneficia a todos. La homosexualidad es más social que la heterosexualidad, que conduce a un apareamiento aislado, en tanto que el homoerotismo naturalmente da origen a unidades sociales mayores, tales como las estados nacionales.

Estas opiniones contienen algo de comprensión cierta, pero también tienen sus problemas, y no son de gran relevancia hoy en día. Donde el movimiento Wandervogel miraba hacia la conducción y guía de los jóvenes (algo que sigue siendo preferible al abordaje de “protección” de los asimilacionistas gays de hoy en día), el movimiento pederasta hoy subraya la liberación y empoderamiento de las personas jóvenes. En lugar de pedagogía, democracia. En lugar de una relación amorosa de mentor al modo griego, el compañerismo de individuos independientes y autónomos. En lugar de la supremacía del varón, una visión de la liberación sexual, económica y política para todos. La libertad es indivisible. La liberación de los niños, las mujeres, los amantes de los muchachos y los homosexuales en general puede producirse solamente como facetas complementarias del mismo sueño.

Ya he tocado unos pocos de los aspectos históricos e ideológicos de nuestro tópico, y me gustaría concluir dando una nota más personal.

A medida que los gays de clase media se han vuelto cada vez más parte de la corriente social aceptada [the mainstream], y les dan la espalda a las ideas que dieron origen e inspiraron a su movimiento, e incluso a camaradas que lucharon contra la dictadura heterosexual antes de que ellos mismos se dieran a conocer [had come out], y a medida que la clase dominante va aumentando sus esfuerzos para controlar, ejercer policía e instilar miedo en la población, y a medida que aprueba leyes criminalizando más y más cosas y construye prisiones a un ritmo insoportable para retener a los millones que ha criminalizado (de los cuales vastos números han sido puestos en prisión por actividad consensual e inocua,  tal como la posesión de marihuana), la vida y la supervivencia para los hombres y los muchachos que se aman unos a otros se está volviendo extremadamente peligrosa. Ser un pederasta activo en los Estados Unidos de hoy es como ser un judío en la Alemania nazi. Los Estados Unidos se están transformando, o quizás ya se han transformado, en un estado policial.  El efecto látigo contra la visibilidad incrementada de la homosexualidad desde la Revuelta de Stonewall de 1969 está golpeando con la máxima severidad a los pederastas. Miles están hoy en día en la cárcel en Estados Unidos por relaciones puramente consensuales, y el movimiento gay no levanta ni un dedo o una voz en protesta. Todos los movimientos de liberación de los años sesenta, negros, mujeres, homosexuales, la izquierda, o bien se han movido a la derecha o, en el caso de la izquierda, han virtualmente desaparecido. El movimiento de mujeres y el movimiento gay se han enamorado del estado y ya no parecen capaces de diferenciar entre sus amigos y sus enemigos. De hecho en estos días el movimiento gay de los Estados Unidos funciona más como un adjunto de la policía que como un movimiento de liberación. Hoy en día a veces siento que necesito ser liberado de los hombres gays y las lesbianas asimilacionistas tanto como necesito ser liberado de la heterosupremacía, el capitalismo y la represión policial.

Es difícil identificarse con un movimiento cuyas metas primarias son ganar la aprobación oficial para el casamiento gay, las familias gays y la aceptación dentro de las fuerzas armadas imperialistas. Los homosexuales de los Estados Unidos parecen estar decididos a demostrar que pueden ser tan convencionales como los heterosexuales. En estos días tengo que pelear contra mí mismo para no ser antigay.

En abril de este año, Edward Brongersma, un distinguido líder político y escritor holandés, así como pederasta, murió. Era bien conocido por haber pasado una vez un tiempo en la cárcel por su sexualidad,  y sin embargo llegó a ocupar un sitio en el Senado holandés. Desde ese puesto propuso una ley para bajar la edad de consentimiento a los 16, y la ley fue aprobada con amplio apoyo, incluyendo el de la iglesia. Sin embargo, la historia antisexual que se originó en los Estados Unidos en los últimos años de los setenta ha llegado a Holanda así como a otros países de Europa. Brongersma fue obligado por masas hostiles a huir temporariamente de su hogar después de que la ola de histeria causada por el affaire Dutroux en la vecina Bélgica alcanzara los Países Bajos. Brongersma vio todo aquello por lo que había trabajado barrido en dieciocho meses. Murió quebrado.  Fue cremado en privado dentro de las 48 horas de su muerte, y no se publicaron obituarios o incluso anuncios fúnebres por temor a reacciones públicas hostiles.

En Minnesota, un hombre gay altamente respetado y prominente que ha trabajado para la juventud durante años en agencias cuyos fondos son provistos por el estado fue recientemente forzado a dejar su posición cuando progenitores descubrieron que tenía un novio de 18 años (por lo tanto, ni siquiera un menor). El movimiento gay ha mantenido un silencio ensordecedor sobre esto.

En mi caso, mi novio tiene ahora 18, pero cuando tenía 16 yo no podía acercarme a ninguna agencia gay o estatal para pedir ayuda con su escolaridad o cualquier otra cosa por miedo a que los moralistas y los reporteros de televisión volviesen nuestra vida un infierno viviente.  La ley estipula que cualquier persona que trabaja en aconsejamiento, siquiatría, sicología, trabajo social, docencia y demás,  quien meramente sospeche que puede estar teniendo lugar una relación ilegal debe informarlo a las autoridades. El resultado probable es investigación, acoso, publicidad histérica e imprecisa, arresto y prisión. Diez o veinte años atrás el movimiento gay hubiera sido una fuente de apoyo para estas relaciones. Ahora es virtualmente indistinguible de la propia dictadura heterosexista.

La pederastia, como la homosexualidad, ha existido y existe en todas las sociedades que han sido estudiadas alguna vez. El homoerotismo es una característica ubicua de la experiencia humana,  como lo confirman incluso los esfuerzos de reprimirlo. Los hombres y los jóvenes siempre han estado atraídos los unos a los otros, y, como la homosexualidad en general, su amor es irreprimible.  Incluso si está lejos de ser triunfante, o floreciente con la libertad que merece y de la que disfrutó en algunas otras culturas (por ejemplo, el oasis de  Siwa en Egipto), todavía nunca pudo ser reprimido. Continuará encontrando su forma de expresión a pesar de todos los esfuerzos de suprimirlo y demonizarlo. Como escribió John Henry Mackay en 1924 en Los Libros del Amor Sin Nombre:

Asesinan a nuestro amor y sin embargo vive.

Estrangulan nuestro grito y vuelve en ecos desde el futuro.

Notas

1 Citado en John Lauritsen and David Thorstad, The Early Homosexual Rights Movement (1864-1935), rev. ed. (Ojai, CA, Times Change Press, 1995), p. 54.

2 Die Buecher der namenlosen Liebe, vol. 1 (Berlin: Verlag rosa Winkel, 1979), pp. 463-64.

3 Ibid., p. 66.

4 Mackay, Preface to the second edition of his Buecher. Citado en Hubert Kennedy, Anarchist of Love: The Secret Life of John Henry Mackay (New York, Mackay Society, 1983), p. 10 (Kennedy’s translation).

5 Frauenbewegung und Freundesliebe: Versuch einer Lösung des geschlectlichen Problems (Women’s  Movement and the Love of Friends; Attempt at a Solution to the Sexual Problem) (Berlin-Charlottenburg: Adolf Brand/Der Eigene, 1904), pp. 22-23.

6 Buecher, pp. 62-63.

7 Para un análisis más un profundo del movimiento Wandervogel, véase Friedrich Kröhnke, “‘Wandervogel’ und Homosexuellenbewegung” en Der Eigene: Ein Blatt für männliche Kultur, ed. Joachim S. Hohmann (Frankfurt am Main/Berlin: Foerster Verlag, 1981), pp. 345-73.

Contáctenos